Tomado del Portal del Banco Interamericano de Desarrollo (BID)

Si 2017 cerró con una palabra de moda, esa sin duda fue “bitcoin”. El auge de la criptomoneda ha generado muchas expectativas sobre los beneficios que podría traer la tecnología blockchain a otras áreas como el transporte, el comercio o la Administración Pública. Algunos gobiernos han comenzado a realizar experiencias piloto ya sea para mejorar procesos, compartir información con otros organismos, gestionar identidad digital, obtener títulos de tierras o lograr gobiernos más transparentes. Aunque está tecnología surgió en el 2008, recién estamos experimentando con blockchain por fuera de las criptomonedas.

Una vez más… ¿qué es blockchain?

Blockchain es una tecnología de confianza que permite que dos extraños puedan intercambiar bienes o valor sin la necesidad de contar con un intermediario (en el caso de las criptomonedas, un banco). Es como volar: si yo acepto subirme a un avión piloteado por un completo extraño, es porque confío en que distintas instituciones (aerolínea, regulador, Estado…) han certificado las condiciones de la nave y del piloto.

Además de instituciones, existen tecnologías de confianza que complementan el trabajo de las organizaciones. El ejemplo más simple es el papel carbónico, que permite hacer copias de un mismo documento al instante y los involucrados tienen la seguridad de que la información contenida en ese registro (ledger) es exactamente la misma para todos. El blockchain es, al igual que el papel carbónico, una tecnología de confianza: una base de datos donde se lleva registro de cada transacción. Lo innovador de blockchain es que el registro se encuentra distribuido en cada uno de los integrantes que forman parte del proceso y al no ser una base centralizada, es imposible su modificación.

¿Por qué blockchain puede ayudarnos a construir mejores burocracias?

La burocracia es, principalmente, un registro (ledger). Un ledger confirma hechos: cuando existen dudas, vamos al registro. ¿Qué certifica mi nacionalidad, la propiedad de mi casa o mi identidad? Los registros de propiedad determinan quién posee qué. El registro de nacimientos y defunciones certifica la existencia de individuos en momentos claves de su vida y utiliza esa información para confirmar identidades. Lo que no existe en un ledger, no existe para el Estado.

Blockchain podría hacer más eficiente la forma en la cual se gestionan los registros públicos. Sin embargo, los usos de blockchain en gobiernos han sido muy pocos y experimentales hasta el momento. En la municipalidad de Bahía Blanca (Argentina) hemos utilizado esta tecnología en la entrega de subsidios del municipio, certificando el momento en que el oferente pide un subsidio, así como la rendición de cuentas por parte del beneficiario. El blockchain se utiliza como un notario digital que certifica que la información no ha sido alterada por ningún funcionario público. También impide que dos personas reclamen el mismo subsidio. El gobierno nacional de Argentina también ha comenzado a utilizar esta tecnología para certificar la información que aparece en elBoletín Oficial, y en los próximos días Energía Abierta de Chile y Chile Compra también la utilizarán para certificar sus procesos. En todos estos casos, el uso de tecnología blockchain permite reducir la discrecionalidad de los funcionarios a la hora de gestionar información pública, dando a la ciudadanía la posibilidad de auditar la inalterabilidad de los procesos (subsidios, licitaciones, publicación de información…).

Otro uso del blockchain en la Administración Pública tiene que ver con la posibilidad de evitar la falsificación y fraude en los documentos de identidad. En el mundo pre-digital, el simple hecho de poseer un documento o un pasaporte certifica la identidad de la persona. Sin embargo, ese papel en realidad sólo sirve si está asentado en un registro (ledger). La identidad de una persona está validada por que figura en la base de datos nacional, mientras que el documento de identidad o el pasaporte es un token: una representación física de la información contenida en el ledger. En el mundo digital,  es posible vincular las dos cosas. Por ejemplo, los pasaportes digitales permiten a las autoridades de inmigración consultar la base de datos nacional y confirmar si un pasajero es quien dice ser, y si puede viajar.

El proceso de vincular los tokens físicos (pasaportes, partidas de nacimiento) con las bases de datos nacionales  generalmente implica múltiples interacciones y, en el caso de muchos trámites, un largo recorrido en papel. A la gran mayoría de los ciudadanos nos resulta familiar la historia de tener que ir de ventanilla en ventanilla buscando los documentos para poder completar un trámite. Para resolver esto, países como Estonia, Georgia, Canadá, Singapur o Finlandia, ya están experimentando con temas de identidad digital en blockchain. Al contar con bases de datos distribuidas, todos los actores de un mismo proceso cuentan con la misma información, rompiendo los silos estancos característicos de la administración pública.

En resumen, la tecnología blockchain ha despertado tantas expectativas como detractores. Muchos especialistas aseguran que revolucionará el mundo tal como lo ha hecho Internet, mientras que otra parte desconfía profundamente de sus aplicaciones concretas. Lo que está claro es que, más allá de discusiones conceptuales, estamos en una fase donde lo importante es experimentar y probar su verdadero impacto. Sin antes experimentar, no debemos descartar su potencialidad como herramienta de eficiencia y transparencia para gobiernos, en especial para generar nuevos mecanismos de confianza [tan necesitados] entre la Administración Pública y sus ciudadanos.