Fuente: EL MUNDO DE ESPAÑA

Se puede debatir si cada año ponen las luces de Navidad más pronto. Si el besugo está cada vez más caro. Si en los centros comerciales se compra más que el año pasado. Pero hay hechos (‘facts’, según la tontería contemporánea) indiscutibles. El más significativo, que el pasado 30 de noviembre el ‘All I want for Christmas is you’ de Mariah Carey volvió a entrar en las listas de éxitos, casi un cuarto de siglo después de su publicación. Y, ojo, en el puesto 29 del ‘top 40’. Puede nevar o lucir el sol, pero la Navidad, hoy por hoy, empieza con ella.

Y con su canción navideña, en torno a la cual es capaz de construir un concierto como el de este lunes en el Wizink Center de Madrid.A medida que se leen estas líneas, sube el número de ‘streams’ (lleva más de 428 millones en Spotify) de la canción en todo el mundo. Lo cual es una prueba de su condición como único villancico contemporáneo que ha sido incorporado al repertorio tradicional.

Cerca de 7.500 personas así lo celebraron en Madrid, y no les importó esperar hasta el final de la velada para escucharlo. Era la primera vez que Mariah cantaba en la capital en lo que llevamos de siglo y el motivo era suficientemente bueno como para rendirse a los gorros de Papá Noel, los cuernos de reno y el resto de la parafernalia navideña.

“¡Hola, Madrid! Esta es mi época favorita del año”, dijo al poco de empezar una Mariah con un vestido de figurita de pastel de boda y alas de ángel con lucecitas. El escenario, presidido por un gran abeto de Navidad, y entre los músicos y coristas, grandes paquetes de regalos. Y los visuales, por supuesto: calcetines, bastones de caramelo, galletitas de gengibre, jerseys con dibujos de copos de nieve, coronas de muérdago… Sobredosis y terapia de choque adviental.

Tras una bailarina dando pasos del ballet de ‘El Cascanueces’, Mariah emergió (no se puede usar otra palabra) cantando el ‘mendelsohniano’ ‘Hark! The herald angels sing’ con ese distintivo torrente de voz vibrante que tanto se empeñan en imitar en los ‘talent-shows’. Sacando pecho de todas las octavas que puede alcanzar, Mariah no defraudó en cuanto a promesa de diva rediviva entre los mortales: Bebe de biberoncitos con pajita recubiertos de purpurina, se echa spray bucal en la garganta, tira peluches que Santa Claus le saca directamente de su saco, es siempre ayudada por el brazo de un mozo en sus desplazamientos largos por el escenario y, lo mejor, cuenta con dos lacayos que le retiran las caperuzas del vestuario y le retocan el maquillaje, también, a la vista de todo el mundo.

Todo es excesivo y, sin embargo, adecuado para la velada: el coro gospel, los diversos cambios de vestuario, el maxi gorro navideño con gigantescos pompones hasta la cadera, los momentos de huracán vocal, los inagotables ‘speechs’…Cantó ‘Noche de paz’ (‘Silent night’) y ‘When Christmas Come’, un soul entre Donny Hathaway y Michael Jackson que no necesitaba una escena de Mariah Carey haciendo gorgoritos levantada de las caderas por unos fornidos mozos. Pero que no haga falta no significa que no haya que hacerlo si así lo quiere ella.

Y también tuvo unas breves concesiones a su repertorio no navideño, empezando por ‘Emotions, donde se marcó unos agudísimos, por momentos sólo audibles por los cánidos que hubiese en el recinto. También ‘The distance’, de su último disco (‘Caution’) y ‘We belong together’. Pero lo mejor cuando dijo que iba a tocar otro clásico: “Hice una versión en español, pero no me acuerdo”, se sinceró. Entonces ‘Hero’, pelos como Scorpions, un ramo de rosas entregado por otro bien parecido galán y, ya sí, el confeti final de la canción que justifica (hora y 20, bastante escaso) el espectáculo.