Tomado del Portal PRODAVINCI
“El éxito es la capacidad de ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo”.  “El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatídico. Lo que cuenta es el valor para continuar”.

Winston Churchill

Fui al cine en estos días a ver Darkest Hour (traducida como “La hora más oscura”). Es una gran película con grandes actuaciones que recomiendo ampliamente. Narra lo ocurrido en Gran Bretaña entre mayo y junio de 1940. Las tropas de Hitler habían invadido Dinamarca y Noruega y se acercaban rápidamente a Europa occidental. Las políticas pacifistas del primer ministro británico Neville Chamberlain, y luego sus intentos tardíos por frenar a Hitler en Noruega, habían fracasado estrepitosamente. El 9 de mayo, Chamberlain renuncia. Al día siguiente, Winston Churchill, quien se desempeñaba como Primer lord del Almirantazgo, lo reemplaza. Ese mismo día, Hitler invade Holanda, Bélgica y Francia. Las tropas expedicionarias británicas (prácticamente todo el ejército profesional británico), junto a las tropas belgas y francesas remanentes, quedan acorraladas en el puerto francés de Dunkerque. Se trataba de unos 400 mil hombres en total, entre el mar y la infantería alemana, divisiones Panzer y la Luftwaffe que dominaba los cielos.

Churchill comienza así su gobierno, en una posición sumamente débil. Pese a su intención de crear un gobierno de unidad nacional, internamente es cuestionado por algunos de sus opositores debido a su fracaso en Galípoli, durante la Primera Guerra Mundial, por su gusto por la bebida y por su política guerrerista en contra de la tiranía Nazi. Es particularmente juzgado por el canciller Lord Halifax, quien propone negociar un acuerdo de paz con Hitler usando a Mussolini de mediador. Hasta el rey Jorge VI parece estar inicialmente en su contra. Fuera de la isla, Churchill se encuentra también solo entre un Estados Unidos aislacionista, una Francia desarticulada y un Hitler amenazante que avanza rápida y firmemente a través de Europa, implantando un régimen autoritario, criminal y excluyente.

Pese a las grandes diferencias, la película me puso a pensar en Venezuela. Vivimos definitivamente una hora oscura, llena de incertidumbres y sufrimiento. Pero ¿es esta nuestra hora más oscura? o ¿hemos tenido otras horas tan o más oscuras que esta? ¿Qué podemos aprender de las horas más oscuras británicas y de la historia de Venezuela?

La Guerra de Independencia y la caída de la Segunda República

Tras 13 años de la Guerra de Independencia, Venezuela se encontraba arrasada. Se calcula que al menos 200 mil personas murieron como consecuencia de las batallas, enfermedades, hambre o las represalias de la guerra a muerte. Para ponerlo en perspectiva, durante la Guerra de Independencia, murió el 20% de la población venezolana, mientras que, durante la Segunda Guerra Mundial, menos del 1% de la población británica, entre ellos militares y civiles, fallecieron. Al finalizar la contienda independentista, la economía del país se había reducido a una fracción de lo que había sido durante la colonia, y le tomaría varias décadas recuperarse.

Hay unas “horas” de la Guerra de Independencia que serían, en mi opinión, las más oscuras de toda nuestra historia republicana: el proceso de la caída de la Segunda República. La Segunda República de Venezuela es el nombre que recibe el período que va desde 1813 hasta 1814. Se inicia con la liberación de Cumaná por parte de Santiago Mariño, en agosto de 1813, y la entrada a Caracas de Simón Bolívar, en el mismo mes, después de culminar la Campaña Admirable. La república comienza a decaer tras los incesantes combates contra las fuerzas realistas y la desunión de los núcleos republicanos de Caracas y Cumaná. Para finales de 1814, José Félix Ribas había sido capturado y ejecutado, mientras que Girardot y Ricaurte habían muerto defendiendo sus plazas. Era evidente que la segunda república estaba condenada. Bolívar emigró a Jamaica, donde escribió su famosa carta, y los demás líderes patriotas emigraron a Trinidad, a la Nueva Granada, o se quedaron formando focos aislados de resistencia. 

Durante la corta vida de la segunda república, hubo tres eventos que resaltaron la oscuridad de la época: el decreto de Guerra a Muerte que abrió un periodo salvaje de la guerra que duró hasta 1820; la sangrienta campaña de Boves, en 1814, que acabó arrinconando a los patriotas en oriente, y la penosa emigración a oriente de unas 20 mil mujeres, niños y ancianos caraqueños escapando de Boves, apenas recuperándose del terremoto de 1812. Me cuesta imaginar lo difícil y desesperanzador que habría sido vivir en esa época.

Analogías y lecciones de las horas más oscuras

Si bien Churchill y Bolívar contaban con unas fuerzas armadas que les permitieron combatir de tú a tú contra sus enemigos durante sus horas más oscuras, hay varias otras analogías relevantes de cómo ambos líderes lidiaron con la oscuridad de su época e iluminaron el camino a la victoria.

5 lecciones de cómo Churchill
y Bolívar iluminaron el camino a la victoria

1. La unidad nacional en torno a un líder es fundamental

Churchill logró crear un gobierno de unidad nacional que atravesó barreras partidistas. Su gabinete de guerra incluyó participación activa y protagónica de opositores del partido laborista, así como también adversarios del partido conservador, tal es el caso del mismísimo Lord Halifax. Bolívar, por otro lado, luchó a lo largo de la Guerra de Independencia por consolidar su liderazgo entre los caudillos patriotas regionales. La desunión era tal que, en 1814, José Félix Ribas arrestó a Bolívar cuando llegó a oriente escapando de Boves. La desconfianza de Bolívar hacia los otros caudillos patriotas continuaría al punto de que, en 1819, designó al irlandés Daniel O’Leary como edecán, en lugar de designar a un venezolano. Le tomó casi una década y la fundación de tres repúblicas para lograr consolidar su liderazgo. En ambos casos, la unidad en torno a un líder fue clave para alcanzar el éxito nacional.

2. Hay que proteger los recursos estratégicos

Para Churchill, fue la evacuación exitosa de más de 300 mil soldados de Dunkerque lo que le permitió evitar ser empujado a una negociación con Hitler en condiciones de debilidad extrema para evitar ser invadido y mantener la autonomía como nación. La evacuación fue un gran éxito, una fuente de esperanza y la base para la eventual recuperación de Europa. En el caso de Bolívar, fue clave encontrar formas de escapar de Venezuela cada vez que sufrían un revés mayor, protegiendo así al liderazgo patriota. De igual manera, mantener ciertas relaciones extranjeras, como con la Haití de Pétion, los patriotas de Nueva Granada y las casas de préstamos privadas inglesas fueron fundamentales para proveer apoyo logístico y financiero a los patriotas a lo largo del conflicto.

3. Solo se puede negociar con tiranos en posición de poder

Un tirano, por definición, carece de buena fe. Por eso no se debe negociar con tiranos en posición de debilidad. Churchill lo sabía y se resistió a negociar con Hitler en los primeros días de su gobierno. El éxito del rescate de la Operación Dinamo y de la flota de pequeños botes que evacuaron a la gran mayoría de las tropas expedicionarias británicas de Dunkerque le dieron esperanzas a Gran Bretaña para luchar contra el expansionismo nazi y le proveyeron el poder a Churchill para embarcarse en una guerra total contra el Nazismo. Churchill negoció con Stalin (otro tirano) para luchar contra Hitler, pero desde una posición de poder. De la misma manera, Bolívar decretó la Guerra a Muerte en 1813 y tan solo en 1820, cuando la balanza de poder lo favorecía, negoció la regularización del conflicto con Pablo Morillo. Cuatro años después, la Guerra de Independencia en Venezuela finalizaría con la victoria patriota en Carabobo. Como contra ejemplo, los caraqueños que no escaparon de Boves en 1814 porque contaban con su clemencia (clemencia es equivalente a negociar en una posición de extrema debilidad) fueron masacrados por las tropas de Boves.

4. La intervención extranjera es viable solo si los intereses se alinean

Churchill padeció del aislacionismo norteamericano, tal como ocurrió durante la Primera Guerra Mundial, pese a su relación personal con el presidente Franklin Delano Roosevelt. Hizo falta el devastador ataque a Pearl Harbor en 1941 para que Estados Unidos le declarara la guerra al Eje y luchara al lado de gran Bretaña. En el caso tanto de Miranda como de Bolívar, el principio de que “los enemigos de mis enemigos son mis amigos” nunca funcionó a plenitud. Ni Francia ni Gran Bretaña apoyaron de lleno a los patriotas más allá de ayudas puntuales y esporádicas. Solo cuando la amenaza de Napoleón fue neutralizada por Wellington en la batalla de Waterloo, fue que voluntarios y mercenarios británicos cruzaron el Atlántico (para eventualmente conformar la legión británica) en 1817 para luchar del lado de Bolívar contra los españoles. El aprendizaje parece ser que solo cuando el problema doméstico se alinea con el del poder extranjero es que hay esperanza de que dicho poder externo intervenga directamente en el conflicto doméstico. De lo contrario, es solo una fantasía.

5. Salir de la oscuridad toma tiempo

A Churchill le tomó 5 años vencer al Eje en Europa, África y Asia junto a los aliados. Después de sobrevivir amenazas de invasión y meses de bombardeo alemán durante la batalla de Inglaterra, por fin tuvo éxito. Mientras que a Bolívar le tomó 13 años vencer al imperio Español. Luchas de este tipo toman tiempo, no hay soluciones inmediatas ni fáciles. Todas requieren esfuerzo y sacrificio, resiliencia y perseverancia.

Aprendamos de la historia. La esperanza es que, después de la oscuridad, siempre llega la luz. Así fue con la Guerra de Independencia, con la Segunda Guerra Mundial y lo será también con la Venezuela de hoy.